Eugene Victor Debs nación en Terre Haute, Hindú, el 5 de noviembre de 1855, en una familia de inmigrantes alsacianos de origen modesto. Sindicalista, dirigente socialista y cinco veces candidato a la presidencia de Estados Unidos, fue uno de los principales protagonistas de la formación del movimiento obrero y del socialismo estadounidense. Su trayectoria refleja una evolución ideológica particularmente significativa: desde el sindicalismo moderado y el reformismo democrático hasta la defensa de una transformación socialista de la sociedad, sin abandonar nunca su confianza en la democracia y en la capacidad de los trabajadores para protagonizar su propia emancipación.
Del sindicalismo reformista a la conciencia de clase
Debs abandonó tempranamente los estudios y empezó a trabajar en los ferrocarriles, primero como operario y después como fogonero de locomotoras. En 1875 ingresó en la Brotherhood of Locomotive Firemen, organización sindical de la que pronto se convirtió en dirigente. Durante esta primera etapa compartía los valores dominantes del sindicalismo estadounidense: la defensa de los intereses profesionales mediante la negociación, la cooperación entre trabajadores y empresarios y la confianza en las posibilidades de ascenso social dentro del capitalismo. Su pensamiento se inscribía en la tradición republicana estadounidense, que identificaba la libertad como la independencia personal, el trabajo y la igualdad de oportunidades. También participó en la política institucional: en 1884 fue elegido diputado en la legislatura de Hindú por el Partido Demócrata.
Sin embargo, la creciente concentración del poder económico en las grandes compañías ferroviarias y la violencia de los conflictos laborales modificaron progresivamente sus posiciones. Debs llegó a la conclusión de que los sindicatos organizados por oficios eran incapaces de enfrentarse eficazmente a las grandes empresas. En 1893 impulsó la creación de la American Railway Union (ARU), que pretendía agrupar a todos los trabajadores ferroviarios, independientemente de su cualificación profesional. Su primera gran victoria llegó en 1894, con una vaga contra la Great Northern Railway. El paso del sindicalismo de oficio al sindicalismo industrial expresaba una primera transformación de su pensamiento: la convicción de que los trabajadores compartían intereses comunes por encima de sus diferencias profesionales, una idea de que se abría paso también en Europa con la creación de sindicatos únicos.
La vaga de Pullman, iniciada en mayo de 1894 cerca de Chicago, constituyó el evento decisivo de su trayectoria sindical y política. El conflicto comenzó cuando Pullman Palace Car Company, fabricante de coches-pierna ferroviarios, redujo los salarios de sus trabajadores sin rebajar los alquileres de las viviendas que les proporcionaba la propia empresa. Ante la negativa de la dirección a negociar, los trabajadores se declararon en vaga. La American Railway Union, presidida por Debs, organizó un boicot a los trenes que incorporaran vagones Pullman, extendiendo el conflicto a buena parte de la red ferroviaria estadounidense. El presidente Grover Cleveland ordenó la intervención de tropas federales para garantizar el tráfico ferroviario y postal, lo que provocó violentos enfrentamientos y varias muertes. La vaga terminó con la derrota de los trabajadores, la práctica destrucción de la ARU y el encarcelamiento de Debs durante seis meses. El conflicto puso de manifiesto tanto la capacidad de movilización del nuevo sindicalismo de industria como la alianza entre las grandes corporaciones y el poder federal.
La derrota de Pullman produjo una ruptura profunda en sus convicciones. Debs abandonó progresivamente la idea de que el conflicto entre capital y trabajo podía resolverse mediante la cooperación y comenzó a interpretar las relaciones sociales en términos de antagonismo de clases. La actuación del Gobierno federal le convenció de que el Estado no era un árbitro neutral, sino que protegía los intereses de los grandes propietarios. Durante su encarcelamiento entró en contacto más estrecho con la literatura socialista y profundizó posteriormente en el pensamiento de Marx. Su conversión al socialismo no fue inmediata ni exclusivamente doctrinal: surgió de la experiencia del conflicto social y de la constatación de los límites del sindicalismo dentro del capitalismo.
La construcción de una alternativa socialista
Tras apoyar aún en 1896 la candidatura populista de William Jennings Bryan, Debs se declaró socialista en 1897. Participó en la formación de la Social Democracy of America y, posteriormente, del Social Democratic Party. En 1901 contribuyó decisivamente a la fundación del Socialist Party of America, resultado de la confluencia de distintos corrientes socialistas. El cambio era fundamental: Debs había pasado de considerar que los trabajadores debían organizarse para mejorar su posición dentro del capitalismo a sostener que necesitaban constituirse en una fuerza política independiente para transformar el sistema económico.
El socialismo estadounidense se desarrolló en una sociedad marcada por la rápida industrialización, la inmigración europea, las grandes desigualdades sociales y una cultura política profundamente individualista. A diferencia de Europa, Estados Unidos carecía de un gran partido obrero de masas, mientras que los sindicatos de la American Federation of Labor, dirigidos por Samuel Gompers, rechazaban generalmente la vinculación orgánica con un partido socialista. El nuevo partido reunió a marxistas, sindicalistas, reformadoras sociales, intelectuales progresistas y sectores del protestantismo social. Entre sus dirigentes destacaban Victor Berger y Morris Hillquit. Debs representaba especialmente la dimensión obrera.
En 1905 participó también en la fundación de los Industriales Workers of the World (IWW), organización sindical que defendía la unidad de toda la clase trabajadora. Sin embargo, se distancia de ella por sus diferencias respecto a la acción política y al papel de las elecciones. Frente a quienes confiaban exclusivamente en la acción directa, Debs consideraba que la organización sindical y la conquista democrática del poder político debían avanzar conjuntamente.
Su pensamiento combinaba la crítica marxista del capitalismo con elementos de la tradición republicana estadounidense y una sensibilidad moral igualitaria próxima al socialismo ético. La libertad individual, que había constituido uno de sus valores iniciales, adquiria ahora un significado social: no podía existir verdadera libertad política mientras una minoría controlase los recursos económicos y la mayoría dependiera de la venta de su trabajo. Su socialismo no suponía, por tanto, una renuncia a sus convicciones democráticas originales, sino una reformulación radical de su significado.
Las candidaturas presidenciales y el programa socialista
Debs fue candidato a la presidencia en cinco ocasiones: 1900, 1904, 1908, 1912 y 1920. Sus campañas contribuyeron a convertir el socialismo en un corriente visible de la política estadounidense. En 1900 obtuvo unos 88.000 votos, equivalentes a 0,6 % del total; en 1904 alcanzó los 403.000 votos, aproximadamente el 3%; y en 1908 alcanzó 421.000 votos, el 2,8%. Su mejor resultado se produjo en 1912, cuando reunió a alrededor de 902.000 votos, cerca de 6 % del electorado, competiendo con Woodrow Wilson, Theodore Roosevelt y William Howard Taft. En 1920, pese a encontrarse encarcelado, obtuvo aproximadamente 914.000 votos, 3,4 %.
En 1912, el Partido Socialista contaba con más de 100.000 afiliados, una amplia prensa propia, numerosos cargos municipales y una presencia significativa en ciudades industriales, comunidades inmigrantes y determinadas regiones agrarias. Aunque sus resultados electorales no amenazaban el predominio de los partidos Republicano y Demócrata, el socialismo había conseguido implantarse como una fuerza política organizada.
El programa socialista de 1912 proponía la propiedad pública de los ferrocarriles y grandes monopolios, la ampliación de los servicios públicos, la jornada laboral de ocho horas, el reconocimiento de los derechos sindicales, la prohibición del trabajo infantil, la protección de las mujeres trabajadoras, las seguridades sociales frente al desempleo y la enfermedad, las pensiones de vejez y una fiscalidad progresiva. También defendía el sufragio femenino, la democratización de las instituciones y una mayor participación popular en las decisiones políticas. No se trataba simplemente de un programa de reforma social. Su horizonte era la sustitución del capitalismo por una organización socialista de la sociedad.
La guerra, las libertades democráticas y la crisis del socialismo
La Primera Guerra Mundial precipitó la crisis del socialismo estadounidense y puso de manifiesto otra dimensión esencial del pensamiento de Debs: su internacionalismo. Se opuso a la intervención de Estados Unidos en 1917, considerando que la guerra respondía fundamentalmente a intereses imperialistas y económicos, mientras que sus principales víctimas eran los trabajadores. Su oposición tenía también un fundamento democrático: rechazaba que el patriotismo pudiera utilizarse para silenciar la disidencia y restringir las libertades políticas.
En junio de 1918 pronunció en Cantón, Ohio, un discurso contra la guerra y en defensa de los socialistas encarcelados. Fue detenido y condenado a diez años de prisión en aplicación de la Espionage Act de 1917. Su condena evidención los límites de las libertades civiles en un contexto de movilización bélica y represión del radicalismo político. Desde la prisión federal de Atlanta se presentó a las elecciones presidenciales de 1920. El presidente Warren G. Harding conmutó su pena en diciembre de 1921.
El movimiento socialista había quedado profundamente debilitado por la represión, el nacionalismo de guerra y las divisiones provocadas por la Revolución rusa. Debos acogió con simpatía la revolución de 1917 y expresó su solidaridad con los revolucionarios rusos, pero no abandonó su propia tradición socialista ni se integró en el comunismo estadounidense. Su posición reflejaba una tensión característica de su pensamiento: la aspiración a una transformación radical de la sociedad y la persistente confianza en la iniciativa democrática de los trabajadores.
Murió el 20 de octubre de 1926 en Elmhurst, Illinois.
La herencia de Debs y el New Deal
La relación entre el socialismo de Debs y el New Deal de Franklin D. Roosevelt fue indirecta y compleja. No existió una continuidad política u organizativa entre ambos proyectos, pero algunas de las reivindicaciones defendidas por el Partido Socialista desde principios del siglo XX terminaron formando parte de la legislación reformista de los años trenta. Debs había contribuido a introducir en el debate público cuestiones como la seguridad social, los derechos sindicales, la limitación de la jornada laboral, la fiscalidad progresiva y la intervención pública en la economía. Sin embargo, estas propuestas no eran patrimonio exclusivo del socialismo: también formaban parte, con distintos contenidos y objetivos, del progresismo estadounidense, de sectores del sindicalismo y de otros corrientes reformistas.
La Gran Depresión de 1929 alteró profundamente las condiciones del debate político. Cuando Roosevelt llegó a la presidencia en 1933, el hundimiento económico y la conflictividad social hicieron posibles reformas que anteriormente habían encontrado fuertes resistencias. La Social Security Act de 1935 estableció un sistema federal de pensiones de vejez y de protección frente al desempleo; la National Labor Relations Act, del mismo año, reconoció y reforzó los derechos de organización sindical y negociación colectiva; y la Fair Labor Standards Act de 1938 introdujo el salario mínimo federal, reguló la jornada laboral y restringió el trabajo infantil. Estas medidas respondían a demandas que el socialismo había defendido durante décadas, aunque su aprobación fue resultado de una confluencia mucho más amplia de fuerzas políticas y sociales.
También en el terreno sindical puede identificarse esa continuidad parcial. El sindicalismo industrial que Debs había impulsado con la American Railway Union y que posteriormente defendieron los Industriales Workers of the World encontró una nueva expresión, bajo circunstancias y orientaciones políticas diferentes, en la creación del Congress of Industrial Organizations (CIO) en 1935. No se trataba de una filiación organizativa directa, sino de la recuperación de un principio fundamental: divisiones profesionales del sindicalismo tradicional.
En este sentido, el éxito del New Deal tuvo consecuencias ambiguas para la tradición política representada por Debs. Por una parte, incorporó a la legislación estadounidense reivindicaciones que durante décadas habían sido consideradas radicales. Por otra parte, al integrarlas en el programa del Partido Demócrata, contribuyó a reducir el espacio político disponible para una alternativa socialista independiente. La creciente vinculación de los sindicatos industriales con la coalición electoral de Roosevelt reforzó esta tendencia, diferenciando aún más la experiencia estadounidense de la formación de grandes partidos obreros y socialdemócratas en Europa.
La paradoja histórica de Debs reside, por tanto, en que algunas de las reivindicaciones del socialismo estadounidense alcanzaron una realización parcial precisamente cuando el socialismo había dejado de constituir una alternativa política significativa. Su legado no debe buscarse tanto en una influencia directa sobre Roosevelt como en su contribución a una tradición de crítica social y movilización obrera que ayudó a ampliar los límites de lo políticamente posible. Debs encarna así una de las singularidades de la historia estadounidense: la debilidad del socialismo como fuerza electoral autónoma y, al mismo tiempo, su participación en la larga transformación de las relaciones laborales, los derechos sociales y las responsabilidades del Estado durante el siglo XX. Una situación que en las actuales circunstancias parece revertirse con el renacimiento de un fuerte corriente socialdemócrata en Estados Unidos dentro del Partido Demócrata.
JFS

