¿Qué cree que define sustantivamente el socialismo democrático? ¿Cuáles cree que son sus valores y propuestas esenciales?
Establecido el “Programa Máximo” por el Congreso fundacional del PSOE en 1888 que termina así:
“En suma: el ideal del Partido Socialista Obrero es la completa emancipación de la clase trabajadora; es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo, libros, iguales, honrados e inteligentes.”
Lo que hace falta es ver cómo se lleva a la práctica este “desiderátum”. En la historia del movimiento obrero, iniciada en el siglo XIX, coexistieron tradicionalmente dos tendencias: la socialista y la libertaria, que se han peleado e influido mutuamente. Su criba llevó a la desaparición de la I Internacional Obrera.
Dentro de ambas líneas también existen dos corrientes: la radical y la posibilista. En el campo del socialismo, la tendencia radical condujo a la ruptura de la II Internacional en 1921, con la creación de los partidos comunistas. La posibilista es el embrión de las socialdemocracias que conocemos hoy en día.
El posibilismo, que también podríamos llamar pragmatismo, se basa en dos pilares:
- Un intento cuidadoso de conocer la relación de fuerzas que se da en toda sociedad, en cada sitio y momento, para adaptar los movimientos tácticos a los objetivos estratégicos; la historia nos ha enseñado que las fracciones radicales, deslumbradas por los objetivos finales, han acabado llevando al movimiento obrero hacia senderos que se han demostrado enjuagues.
- Un comportamiento que tiene muy en cuenta los tiempos necesarios para conseguir objetivos concretos: la paciencia y la habilidad como virtudes. También la historia nos enseña mucho sobre estos dos aspectos.
Ambos pilares son difíciles de mantener, y por eso es necesaria una herramienta potente, adaptable, flexible, formada, informada y democrática: el Partido. La falta de potencia (cada momento exige la suya), de adaptabilidad y flexibilidad (tal y como hacen nuestros adversarios de clase), de escasa formación e información (que permite una deriva populista) y de democracia interna (que evite “cesarismos” carismáticos que le bloqueen) es lo que ha llevado al movimiento obrero, provocando en muchas ocasiones emprender camino que queríamos transitar.
A su vez, esta herramienta, dirigida correctamente, ha comportado numerosos avances para conseguir que los trabajadores -que no tienen ahora algunas de las características que tenían tiempo atrás- sean más dueños de su trabajo, más libres, iguales, honrados e inteligentes.
*Véase el programa que presentó el primer concejal socialista en el Ayuntamiento de Mataró (y de toda Cataluña), en 1895, Joan Rocafort i Prous, una Vidas de lucha, tenacidad y compromiso, artículo de Ramon Salicrú, edición del PSC de Mataró, 2010.
¿Cómo entiende la relación entre marxismo y socialismo? ¿Qué lectura hace de la historia del socialismo?
El marxismo es una herramienta intelectual construida en un momento histórico concreto y prácticamente en un espacio geográfico determinado. Con el tiempo, esta herramienta intelectual se ha ido adaptando y/o modificando con mayor o menor acierto en su pretendida aplicación concreta. Su lectura, adaptación y/o modificación ha dado lugar a avances y retrocesos en la historia del socialismo. Hay que tener presente, por ejemplo, la afirmación de branko milanovic* sobre que el comunismo ha sido el mejor sistema para pasar del feudalismo al capitalismo.
Una lectura no dogmática de esta herramienta permite seguir aprovechando algunos de sus principios para analizar las sociedades y profundizar en su conocimiento, lo que es esencial -como he explicado antes- para avanzar correctamente hacia el objetivo soñado. Pero la evolución tecnológica y social de las colectividades, que no todas tienen los mismos ritmos, pone en cuestión algunos de los preceptos “ortodoxas” de esta herramienta: La extensión del sector público de la economía así como el desarrollo del tercer sector, la creciente urbanización de las sociedades, la continuidad de los movimientos migratorios, la evolución de la tecnología, la variación de las relaciones sociales… hacen que haya que reinterpretar aquellos escritos, aceptando, modificando, abandonando algunos de sus contenidos. Las relaciones de producción, la plusvalía, el ejército industrial de reserva, la pauperización de las clases trabajadoras, principios genéricos del marxismo, deben ser leídos con la luz cambiante de las sociedades, hoy frenético. Las organizaciones de hoy, el Partido, no pueden tener las mismas bases organizativas ni geográficas de cuando nació.
*branko milanovic: Capitalismo, nada más. El futuro del sistema que gobierna el mundo, ed. Taurus, M-2020.
¿Cuál piensa que ha sido y cuál debería ser la vinculación entre pensamiento y praxis política en el socialismo?
El pensamiento debe enseñar caminos correctos atendiendo a las situaciones concretas, la praxis política debe saber transitarlos. No puede ser que el pensamiento no tenga en cuenta la realidad sino sólo el deseo y tampoco puede que la praxis, con su necesidad de inmediatez, no escuche las voces de la reflexión. Algo difícil hoy en día en que las exigencias de resultados impelen a unos a dar la cara cada día ya otros les impide la reflexión sosegada de la realidad.
¿Cuáles son, a su juicio, los retos de nuestro mundo actual en los que el pensamiento socialista necesita centrar sus esfuerzos de reflexión y/o actualizar sus postulados (desigualdades, medio ambiente, migraciones, digitalización, ciencia, globalización, representación social y política, otros)?
Están muy estudiados y definidos: cambios tecnológicos, sociales y medioambientales. Con qué rapidez se están produciendo los tres y qué resistencias existen para afrontarlos. Quien mire demasiado atrás y añore situaciones superadas sólo llevará a las sociedades al fracaso. La dinámica de los tres cambios enunciados es muy fuerte, es necesario explicarla y analizarla bien, sobre todo explicarla, porque su incomprensión puede llevar a reacciones indeseables. Las herramientas políticas, y especialmente las que nos interesan a nosotros, los socialistas, deben hacer esfuerzos dirigidos a la comprensión de lo que está pasando, por tanto, la formación -como ha sido siempre- es fundamental, ya la información atendiendo a las herramientas que hay y que habrá que siempre ha sido también fundamental en la lucha que llevamos a cabo.
¿Considera la forma partido como el entorno adecuado para mantener, desarrollar y difundir el pensamiento socialista? ¿Es posible o necesario el pensamiento de partido? ¿Y la figura del intelectual orgánico?
Sin una organización potente, capilar y democrática, no es posible mantener el pensamiento socialista. Ejemplos recientes y comportamientos actuales de personas que creen que con las nuevas tecnologías de comunicación pueden superarse los problemas orgánicos (los inherentes a las organizaciones) han demostrado sus límites, carencias y derivaciones contrarias a sus pretensiones.
Es absolutamente necesario dominar el pensamiento y el conocimiento del pensamiento para asegurar su difusión y construir así la herramienta necesaria para los momentos actuales. Este trabajo puede llevarse a cabo de muchas maneras, atendiendo a las circunstancias sociales y geográficas en las que debe construirse. La presencia de intelectuales comprometidos es básica como referentes para enseñar caminos, como ya se ha señalado. No deben existir intelectuales encerrados en su “torre de marfil”, limitándose a rumiar o criticar las prácticas acertadas o equivocadas de la organización. Es dentro de ella donde deben hacerse propuestas y es a ella quien le toca escuchar. Alguien ha dicho últimamente que tiempo atrás era mejor vista la crítica que el elogio.
Manuel Mas Estela (Cabrils, 10 de marzo de 1948) es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Barcelona y fue alcalde de Mataró de 1983 a 2004. Fue presidente de la Federación de Municipios de Cataluña de 1995 a 2004 y vocal de la comisión ejecutiva de la Federación Española de Municipios y Provincias (1987-1999), además de presidente del Consejo Comarcal del Maresme de 2004 a 2004. ser diputado en el Congreso de los Diputados y también formó parte del Consell Nacional del PSC desde 1978 hasta 2011.

